Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 19 de diciembre de 2018

Aventuras de Sar. Parte I: La casa del embajador

Venid, acercaos aquí a escuchar las magníficas aventuras del intrépido Sar.

Mi nombre es Sahire. También se me conoce como Sar. Soy parte de los Ruzian, un clan kitsune que vaga por todo Voldor. Y eso es todo lo que necesitáis saber… por ahora.

Hoy vengo a contaros la historia de cómo acabé viajando con el grupo de gente más raro que me he encontrado nunca. Y creedme cuando os digo que he conocido gente muy extraña en mi vida.

Todo comenzó en Villagolondrina, una pequeña ciudad del reino de Vadania. ¿Qué hacía yo allí? Bueno, pues estaba a la busca de historias… y vaya si las encontré.

El caso es que estaba yo vagando por las callejuelas del centro de la villa cuando me pareció que alguien me seguía. Por un momento, el miedo me atenazó, ¿qué era lo que me estaba acechando? ¿Estaba en peligro?

Conseguí mantener la calma y me giré en redondo: “¿Quién eres y qué quieres?”, dije. Entonces lo vi, era el karasu más grande que he visto nunca. Pero, bueno, yo soy yo y no iba a tenerle miedo a un pajarraco. “¿Por qué me estás siguiendo?”

Entonces la urraca descarada esa, porque, sí, era una urraca, que era ya lo que le faltaba, empezó a contarme una historia sobre que parecía que tenía una maldición y nadie podía verle ni oírle. Yo, claro, no tenía razones para no creerle. ¿Quién no querría lanzarle una maldición a alguien así?

Así que estábamos allí hablando sobre ir a buscar a un clérigo por si le podía ayudar… porque, ya sabéis, hay que echar una mano siempre que se pueda. Y entonces fue cuando aparecieron un enano y un batrok, que, para quien no lo sepa, son algo así como un señor muy bajito y musculoso y una rana de su misma altura. ¿Por qué tenía que aguantar yo todo eso?

El caso es que esos dos debieron asustar al karasu, porque empezó a actuar de forma extraña y entonces lo tuve claro: estaba engañándome. ¿Por qué? No lo sabía, pero estaba claro que no se iba a quedar ahí la cosa.

Intenté sonsacarle la verdad al pajarraco, pero no hacía más que negar que me había mentido. Poco a poco la cosa se fue calentando y me lancé hacia él. El enano y la rana debieron malinterpretar mis intenciones, porque me pararon y no me permitían acercarme al karasu para interrogarlo en condiciones. Al final, conseguí que se calmasen lo suficiente como para que me soltaran.

Seguí intentando que la urraca me contase por qué me había mentido, pero no confesaba y cada vez se estaba poniendo más violento, hasta que llegó un punto en el que tuve que defenderme.

Desgraciadamente, calculé mal y le clavé mi daga en lugar de utilizarla para intimidarlo como era mi intención. Eso desencadenó el caos y apareció parte de la guardia de la ciudad. No quisieron escucharme y me dejaron inconsciente de un golpe.

Cuando desperté estaba en una celda. Miré a mi alrededor, pero no había manera de salir de allí. Pronto vino un mida... los mida son algo así como monos muy listos. Bueno, pues el mida me interrogó y me ofreció la libertad a cambio de resolver un problema que había con una mansión embrujada. No me gustó mucho el tener que probar mi inocencia, pero no iba a decir que no a ayudar a desentrañar un misterio así.

Tras lo que parecieron días en la celda, el mida volvió para llevarme con un grupo de aventureros… ¿y sabéis quién estaba en ese grupo?

¿La urraca? ¿El enano? ¿El sapo? Pues los tres, los tres estaban allí.

Y también un elfo, ligeramente más bajo que yo, que parecía estar más borracho de lo que yo… había estado nunca.

Por suerte para él, el karasu decidió disculparse por intentar engañarme antes y, vistas sus buenas intenciones, no pude hacer más que dejar correr el asunto. No hay que ser rencorosos, niños.

Como ya era tarde, propuse dejar la investigación para el día siguiente. Así podríamos descansar y estar más despejados para la misión. Entre nosotros, al elfo parecía hacerle mucha falta una buena noche de descanso.

Nos dirigíamos hacia la posada en la que los tres magníficos habían alquilado habitaciones, cuando nos paró un encapuchado. Desde el primer momento me dio mala espina, por lo que quise descubrir sus intenciones.

El ser misterioso quería que robásemos un objeto de la antigua casa del embajador mida, la misma que teníamos que investigar. Rápidamente reaccioné aceptando su propuesta con la secreta intención de tenderle una trampa. La recompensa que nos ofrecían era enorme, pero no se puede comprar a alguien tan recto como yo.

Una vez llegamos a la posada, todos se dirigieron a sus habitaciones, pero, yo, como pobre artista ambulante que soy, preferí por costumbre dormir cerca de allí, en un tejado. Además, así podría vigilar la entrada de la posada.

A la mañana siguiente nos dirigimos a realizar nuestra misión. El edificio estaba visiblemente abandonado, con una capa de polvo tan densa que nuestras huellas quedaban claramente marcadas.

Nos adentramos poco a poco en la casa cuando se oyó un estruendo enorme. Al girarme en la dirección del ruido vi que la estatua que guardaba el recibidor estaba destrozada en el suelo. El batrok había sido herido, pero me aseguró que podía seguir adelante.

Al llegar a la biblioteca, vimos un cadáver en el suelo. Tras examinar el cuerpo no vimos restos de sangre, pero sí que el cuerpo parecía ser de alguien muy anciano.

También vimos que una de las estanterías parecía esconder algo, por lo que, con ayuda de mis compañeros, la moví. Debajo de ella había una trampilla. Dispuestos a seguir adelante, el enano empezó a romperla con su hacha.

De repente, fuimos atacados por dos frentes: el cadáver se levantó y empezó a moverse hacia el batrok, que se ve que no estaba pasando su mejor día, mientras dos espíritus aparecieron y atacaron al enano y al karasu, que estaban más cerca de la trampilla.

Nos pusimos todos en guardia enseguida. El elfo le asestó un espadazo al cuerpo reanimado. Le dejó tocado, pero aún seguía adelante. Yo, decidido a proteger a mis compañeros, apunté bien con mi ballesta y de un disparo certero acabé con él.

Disparé de nuevo hacia uno de los espíritus y me di cuenta de que en aquella situación era más sensato utilizar un arma cuerpo a cuerpo. Cuando había preparado mi daga me di cuenta de que el batracio había sido herido de nuevo, así que me dirigí a curarle. Una vez recuperado, el batrok consiguió acabar con el espíritu que le había estado atacando.

Mientras tanto, el resto del grupo había conseguido librarse también del otro espíritu, por lo que seguimos adelante.

A través de la trampilla llegamos a una sala en la que estaba lo que solo podía ser el artefacto que el encapuchado quería conseguir. Ese artefacto era seguramente también la causa de los problemas que se daban en la mansión, así que lo cogí para llevárselo a quien nos había contratado, para que así pudiesen investigarlo más a fondo.

Lo primero era sacar aquello de la casa, así que me dirigí a la salida mientras parte del equipo se entretenía leyendo las paredes y el suelo. El elfo y el batrok vinieron conmigo, así que les expliqué que pretendía intentar engañar al encapuchado y así apresarlo. El batrok nos advirtió que ese artefacto contenía un mineral muy peligroso e inestable llamado xion y que teníamos que ser cautelosos con él. Este dato es importante para algo que pasó más adelante, ya lo veréis.

Fuimos a la posada, ya que aún faltaba tiempo para la hora a la que el hombre misterioso nos había citado. Teníamos tiempo para preparar un plan.

Yo, como claramente era el más capacitado, me adelantaría ocultándome en las sombras hasta que viese una clara oportunidad de capturar a quien viniese a sellar el trato que había prometido al encapuchado.

Mientras estábamos hablando todo esto, el enano se acercó a la posada y debió entender que realmente íbamos a ceder el artefacto y avisó al embajador mida, porque al llegar al callejón donde se suponía que iba a realizarse la entrega no había ni rastro de nuestro interlocutor, pero sí dos miembros de la guardia de la embajada.

Como vi que allí no íbamos a conseguir mucho, nos dirijimos a la oficina del embajador para entregar el artefacto y explicar lo que de verdad había pasado.

Tras escuchar atentamente la historia y las advertencias del batrok sobre el xion, el embajador decidió darle permiso para destruir el extraño artefacto.

El batrok y el elfo parecían decididos a acabar con aquella cosa a golpes, por lo que, viendo que no podía hacer nada para convencerlos de que no era buena idea, salí corriendo de allí lo más rápido que pude, tenía un mal presentimiento.

Y menos mal que hice lo que hice. Poco después de atravesar la puerta de la calle oí una tremenda explosión. Me giré hacia la embajada y vi que venía de la zona en la que estaba la oficina del embajador. Mis compañeros estaban allí. Y seguramente eran la causa. Tenía que ir a ver qué había pasado.

Mis compañeros. ¿Estarían bien? Corrí hacia la sala todo lo rápido que pude y por suerte, aunque heridos, todo tenía solución. Poco a poco fui ayudándoles a curarse. Esto ayudó bastante a que nos uniéramos.

Pronto vivimos nuevas aventuras, pero esas ya las dejo para otra ocasión.
~·~
Este relato es una crónica de la partida "La casa del embajador", perteneciente a la campaña "Pioneros de Voldor", creada por Nosolorol para "El resurgir del dragón". Por ello, cada personaje tiene un actor detrás:

Director de juego - Ankios
Sahire - Al
Kabani (karasu) - Ivee
Ranek (batrok) - David
Karin (enano) - Diego
Er-Dhin (elfo) - Miguel

viernes, 7 de noviembre de 2014

El otoño del bosque

El atardecer iluminaba el bosque. Los árboles se teñían de fuego y el suelo parecía estar cubierto por una inmensa alfombra dorada. 
En esos momentos era cuando la vida se desplegaba.
Aquí podías ver una ardilla trepando rápidamente a un árbol mientras que unos metros más allá un oso aprovechaba los últimos momentos del día para llenarse la panza antes del invierno. Un pequeño zorro asomaba el hocico de su madriguera, curioso y volvía a entrar al sobresaltar a un regio búho.
Y luego aparecían ellas. Apenas se veían, ligeras sombras verdes y marrones. Las guardianas del bosque. Las hadas.
 
Por lo general, una leve neblina brillante indicaba su presencia. Sus formas, extrañamente humanas, solo eran plenamente visibles cuando se zambullían en un rayo de sol.
Si algo aman las hadas más que nada es la vida. Allí donde haya vida, hay hadas. Aún no se sabe por qué, pero desaparecen justo antes de que los seres humanos lleguen. Quizá prevean el triste final que aguarda a quien ellos se acerca o quizá es que su influencia protege de nosotros a la tierra.
Sea lo que sea, yo las vi marchar.
En aquella tarde, en aquel lugar.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Ella

Ella.
Ella era la noche.
Solo la luz de la luna vestía.
Ella era el día.
No había nada más luminoso que su sonrisa.
Ella era un sueño.
Perfecto e inalcanzable.
Ella era un recuerdo.
Por siempre inmutable.
Ella era pasado.
Y en su corazón había nacido.
Ella era futuro.
Y nunca llegaría.
Él era su amante.
Desde lejos la anhelaba.
Él era un intruso.
Y nada le bastaba.
Él lo sabía todo.
Y creía que era suya.
Él no sabía nada.
Y así la perdería.
Ellos son leyenda.
Por siempre en el recuerdo.
Ellos son leyenda.
Nada es verdad y todo es cierto.

jueves, 16 de octubre de 2014

Los cuentos no son (siempre) para niños.


Érase una vez, en un reino más allá del mar, una joven princesa que adoraba volar.
Érase una vez, en una tierra ignota, un ser de luz y fuego que odiaba a las personas.
Érase una vez una guerra terrible.
Érase una vez, no cerca de aquí, pero, no por ello debe hacerte feliz.

La pequeña Lys huir anhelaba, pero el miedo a Nere no le dejaba.
Nere, por su parte, tan solo quería, darle al reino de Viel lo que merecía.
Volando por el cielo, como cometas chocaron.
Luz, aire y fuego, todo estallaba.

Un día tras otro, la guerra seguía, hasta que al final llegó la alegría.
Lys y Nere no lo sabían, pero, por su causa, la paz llegaría.
De aquel choque fortuito surgió la belleza.
Y, una vez conocida, venció a la violencia.

Miembros de ambos bandos descubrieron al fin que no hay mayor mal en el otro que lo que pueda haber en ti.


miércoles, 12 de febrero de 2014

Fénix de cenizas

Hola, soy Fénix y bueno, esto es una especie de diario. Espero que no os aburráis mucho leyendo las cosas que me pasan día a día. 
¿Qué más contaros? Ah, sí, soy un poco bruja... o eso me dicen. El caso es que aún no sé muchas cosas de mí misma, es lo que tiene la amnesia. Y, claro, tengo que intentar rehacer mi vida y librarme de esa vocecilla chillona que no calla y está todo el rato molestando. 
Esa vocecilla conoce todos mis mayores miedos, suelen llamarlo subconsciente, pero para mí es un montón de cenizas, vamos, lo que queda de mi vida anterior. De todas maneras, no quiero deshacerme de él, solo que se quede callado de vez en cuando y me deje hacer mi vida en paz. 
Lo único que recuerdo de mi vida anterior es una voz, no sé de quién, pero despierta una profunda sensación de cariño en mí, con lo que supongo que sería una persona muy cercana. ¿Que qué dice? 
"La más leve brisa podría provocar que esas ascuas inertes que un día desechaste comiencen a arder con la fuerza de mil soles". 
No tengo ni idea de a qué se refería, pero lo he tomado como metáfora referente a mi memoria. Por eso, no voy a rendirme y conseguiré encontrar ese "algo" que me ayude a recordar.

¿Y esto qué es? Pues bien, es el prólogo de un proyecto literario que he empezado hace poquito aquí y que me haría muchísima ilusión que conocierais. Si luego no os gusta, sois completamente libres de decírmelo y no volver a hacerme caso nunca.


La historia trata de Fénix, una chica que ha perdido su memoria y de Ceniza, su subconsciente, quien suele acabar con su paciencia, aunque de vez en cuando le trata bien.

Si queréis saber más, el primer capítulo está aquí:

lunes, 11 de noviembre de 2013

El origen de los dragones

– Papá, ¿puedo tener un dragón de mascota? Aunque sea uno pequeñito, de este tamaño, más o menos –indicó el pequeño haciendo un gesto con las manos mientras le miraba suplicante–. Por favor.

– Pero, Riall, si ya lo tienes…

El pequeño dirigió a su padre una mirada de incredulidad. Este se volvió hacia él:

– ¿Nunca has escuchado la historia del origen de los dragones?

El niño negó enérgicamente con la cabeza.

– No… pero eso da igual, yo no tengo un dragón.

– No da igual, lo comprenderás a su tiempo… escucha.

Riall se sentó en el suelo dispuesto a enterarse de todo lo que pudiera sobre esas fantásticas criaturas.

– Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho tiempo, cuando aún nadie creía en la magia, había una
pequeña aldea llamada Norsgard, un pueblo pequeño y tranquilo…

– ¿Nos-gar?

– Norsgard, hijo.

– Ese nombre me suena…

– Claro, es el pueblo de los abuelos.

– Entonces, ¿la historia que me vas a contar es real?

El hombre sonrió a su hijo, quien le miraba con los ojos como platos.

– Es una leyenda: parte real y parte fantasía, pero, por lo que yo sé, esta es bastante fiel a lo que pasó... ¿Por dónde iba?

– Hablabas de Nos… Norga… Norsgard -contestó el pequeño, triunfante-.

– Sí, es verdad… pues, como iba diciendo, en Norsgard nunca pasaba nada extraño; de vez en cuando algún lobo se llevaba una cabra, pero de ahí no pasaba la cosa. El problema era que, extrañamente, aunque los pastores se empeñaban en construir cercados más seguros para los animales…

– Papá…

– ¿Sí?

– ¿Qué es un cercado?

– ¿Qué? Ah, sí. Un cercado es… a ver cómo te lo explico. ¿Has visto las vallas que a veces rodean los jardines y las casas? Pues imagínate eso rodeando a una gran zona con hierba. Ahí dentro es donde se protege a los rebaños. Bueno, sigo… El caso es que, pese a los esfuerzos de los pastores, el ganado continuaba desapareciendo y no podían hacer nada para impedirlo. Incluso decidieron montar guardia por las noches, pero no hubo manera, ni siquiera llegaron a ver a un lobo y, sin embargo, el número de cabras disminuía poco a poco.

» Los vecinos estaban cada vez más preocupados, pero no se les ocurría qué hacer. Por lo tanto, intentaban seguir con sus vidas de la mejor manera posible. Un día, uno de los pastores vio que uno de sus animales se alejaba del rebaño. Preocupado por los lobos, se decidió a seguirlo y a traerlo de vuelta.

» Por suerte para él, la pequeña cabra era fácil de seguir, aunque no tanto de atrapar: parecía como si siempre fuese a la misma distancia por delante del joven. En un momento dado, el cielo se oscureció y un monstruo gigante bajó y atrapó a la chivilla. El pastor decidió ir a investigar y, guardando una distancia prudencial, persiguió a la bestia…

– Al dragón, porque era un dragón, ¿verdad?

El padre sonrió a Riall y continuó narrando:

– … hasta que esta se internó en una cueva. Cuando ya se disponía a marchar, el dragón salió de la gruta y se alejó volando. El pastor no sabía qué hacer, pero entonces escuchó unos balidos que le hicieron decidirse a entrar. Empuñó su cuchillo, si bien sabía que contra aquel monstruo no serviría de nada, y se internó en la oscuridad.

» Siguiendo el sonido, logró encontrar a la cabrita y huyó de aquel lugar a toda prisa. Al volver junto al rebaño, comprobó que todo estaba en orden y decidió regresar a la aldea para ocuparse del pequeño animal, que estaba herido.

» Días después del incidente, cuando el animal ya estaba recuperado de las heridas, el dragón volvió. Fue directo a por el pequeño animal, pero éste le plantó cara. El pastor fue corriendo a ayudarle, pero, a mitad de camino, observó que algo raro estaba pasando. El animalillo estaba creciendo por momentos, su piel se cubría de escamas y de su lomo empezaron a crecer unas alitas membranosas que enseguida alcanzaron un tamaño acorde con el cuerpo. La pequeña cabra era ahora una bestia igual a la otra, pero algo menor.

– ¿La cabra era un dragón?

– Sí, más o menos, ¿quieres oír el final?

– Por supuesto –los ojos del niño, llenos de ilusión, se dirigieron hacia su padre–.

– El joven, espantado, se intentó alejar del lugar, pero, (sobra coma) en ese momento oyó una voz que le decía: “No huyas, no me temas, no te va a pasar nada.” Se giró hacia todas partes y, al no ver a nadie, se dio cuenta de que solo podía haber una fuente. “¿Eres tú, cabrita?”, dijo. El dragón le contestó: “Lo soy, aunque mi verdadero nombre es Ahreena. En realidad, lo que vosotros, los humanos, llamáis cabras, es sólo nuestra forma de pasar desapercibidos en este mundo. En principio yo iba a irme con mis padres una temporada como muchos de los nuestros a mi edad… ella es mi madre. Pero, tras ver cómo me cuidaste después de que me tropezara en aquella cueva, he decidido quedarme contigo.”

– ¿Y vivieron felices para siempre?

– Ahreena sí, los dragones son eternos, pero el pastor murió hace ya años.

– Ahora que lo pienso… cuando decías que yo tenía ya un dragón… te referías a Rin, ¿no?

El padre esperó a que su hijo se diese cuenta:

– Un momento… Rin… Ahreena… ¿son el mismo dragón?

– Sí, ella decidió quedarse viviendo con los descendientes de aquel pastor, uno de tus antepasados.

Riall, contento, empezó a gritar:

– Tengo un dragón, tengo un dragón.

Una mujer entró en la sala donde se encontraba el padre del pequeño:

– ¿Otra vez contándole cuentos al niño? –sonrió y le dio un beso–.

– Bueno, sí, más o menos.

Por la ventana se apreciaba el cielo nocturno y, en él, la silueta de un enorme cuerpo alado.

Fantasmas del pasado.

Nunca sabemos lo que tenemos hasta que lo perdemos, dicen.

Se equivocan.

Yo lo sabía, lo sabía demasiado bien, pero no quería creerlo. Y ese fue mi error.

Nunca debí hacer lo que hice. Sé que ella me quería. Supongo que ese fue el problema, yo no estaba preparado en aquel entonces.

¿Lo estoy ahora? No lo sé. No siempre se puede tener una segunda oportunidad, y estoy dispuesto a aprovechar esta todo lo que pueda.

La verdad, después de aquello... nunca pensé que ella pudiese querer volver a saber nada de mí. Cierto es que ha pasado mucho tiempo y que ya nada es como antes. De hecho, creo que ella no recuerda nada de mí. Si es ese el caso, ¿por qué yo sí? Solo la recuerdo a ella. A ella y lo que le hice.

Sin embargo, aunque siempre se dice que la historia se repite... ¿no somos acaso dueños de nuestro destino?

Quiero que esta vez salga bien. No quiero que mis miedos me hagan abandonarla de nuevo.

Porque esto ya no es aquel mundo y nosotros ya no somos Ariadna y Teseo.

jueves, 10 de octubre de 2013

Abominación. Parte II.

Abominación. Parte I.

"No. No puedo mas."

La pequeña no sabía qué hacer ya. Una cosa era huir de los niños, eso era fácil, pero no era capaz de soportar la resistencia de un adulto.

Sólo tenía por seguro una cosa: no debía parar. Si lo hacía, estaba perdida. Ya no había nadie en el mundo que fuese capaz de protegerla. Bueno, sí, quedaba él, su padre. Pero ella no sabía cómo encontrarlo, no sabía nada sobre él.

Bueno, una pequeña parte sí sabía, lo que le había contado su madre en susurros cuando aún su parte de dragón no se había hecho tan fuerte y eran capaces de ocultarlo. Pero llegó un momento en que dejó de contarle aquellas historias, más o menos por la misma época en la que, los que creía sus amigos, empezaron a meterse con ella sin pausa.

La única esperanza que le quedaba era llegar a las montañas. No estaban demasiado lejos de la aldea, pero ninguno de sus habitantes se atrevía a acercarse hasta allí. Contaban historias de monstruos que raptaban doncellas y arrasaban los campos.

Ella no sabía si esas historias eran ciertas, pero sí que allí lograría salvarse de esta persecución.

Cada vez las montañas estaban más cerca, pero también sus perseguidores. Si no conseguía acercarse a tiempo, lo iba a pasar mal, muy mal. Por suerte para ella, mucho antes de lo que pensaba, los aldeanos empezaron a desistir de capturarla. Su miedo era enorme, ¿qué habría en esas montañas?

Pese a todo, no paró, no se atrevía. Ellos podían volver a la persecución en cualquier momento. No estaría segura hasta que no consiguiese llegar a la pequeña cordillera y encontrar un buen escondite.

Sin darse cuenta la pequeña, se fue haciendo de noche. Al final, no fue capaz de dar un paso más y cayó al borde del camino, agotada. Sin poderlo evitar, todo lo que había pasado empezó a cruzar su mente y no pudo contener más las lágrimas.

- Mamá -no era capaz de evitar los sollozos-. Mamá, ¿dónde estás?

viernes, 9 de agosto de 2013

Abominación. Parte I.

- ¡Dejadme en paz! Yo no os he hecho nada malo -la pequeña no podía parar de llorar-. ¿Por qué me tratáis así?

El grupo de atacantes ni se dignó en responder. Continuó atacando a la niña, quien se veía obligada a huir a la carrera. Por suerte para ella, su sangre de dragón, el motivo de que la persiguiesen, también le hacía capaz de aventajarles en la carrera.

~*~

- Otra vez... ¿por qué me odian? Nunca les he hecho nada malo -escondida en un callejón, no se dio cuenta de que alguien se acercaba-.

La figura se acercó y se agachó a su lado.

- Shy, pequeña, ¿qué te pasa?

Pese a todo, ella no quería delatar a los otros niños.

- N-nada, mamá.

- Han vuelto a pegarte los demás, ¿no es así?

- ¿Por qué lo hacen?

La inocente mirada de la pequeña se dirigió a su madre, quien la estrechó entre sus brazos.

- Porque eres diferente a ellos y te temen. Ellos no son capaces de ver lo que yo veo: una niña que lo único que busca es no hacer daño a nadie... Ahora levántate y vamos a casa, que hay cosas por hacer.

La mujer cogió de la mano a su hija y juntas se encaminaron hacia su hogar.

- Pero... Shyvana, corre -gritó la mujer desesperadamente-.

- ¿Qué pasa, mamá?

- Corre y no mires atrás. Corre. Ya.

- Está... está bien.

La niña empezó a correr sin poder contener las lágrimas. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué le había dicho su madre que huyese?

- Miradla, está ahí. A por ella.

Ella no entendía lo que sucedía. ¿Por qué la perseguían ahora todos? Que la persiguiesen los niños ya era algo normal, pero, hasta ahora, los adultos nunca le habían hecho nada, salvo ignorarla. Continuó su carrera sin saber hacia dónde dirigirse, solamente quería alejarse de allí.

sábado, 27 de abril de 2013

Panceta, el panda shaolin

Hubo una vez, hace ya mucho tiempo, un reino donde en los McDonald vendían hamburguesas de cemento con patatas de cartón. En ese lugar mágico, los pandas eran perseguidos y masacrados para fabricar con ellos productos de alta gama y lujosos (¡¡MALDITOS, DEJAD A LOS PUTOS PANDAS EN PAZ!! D:<). En un momento de nuestra historia, un panda se alzó contra esa opresión, y portando un anillo para pandizarlos a todos, se enfrentó a los gnomos malvados, aliados de las avestruces rojas, que los masacraban sin piedad.
Ese panda se llamaba, Panceta.

Un buen día, Panceta se decidió a invadir la capital de los gnomos (ya era hora -.-), de modo, que armó un escuadrón de élite compuesto por un dragoncito, una cebra montesa (si, una cebra montesa, ¿algún problema? ¬,¬), una señal de tráfico parlante adicta a tomar paracetamol y una ardilla alcohólica con problemas de alzheimer.

El día treinta y dos del tercer mes del cuarto año bisiesto del calendario lunar, la décimo octava guarnición de los gnomos malvados entró en combate con las tropas de Panceta, mientras el líder "Pandil", seguido por sus soldados de élite, se infiltraba en la base enemiga, una tienda de helados. 
Allí le entró hambre, y pidió amablemente que le sirvieran una tarrina de helado de vainilla con cookies. Se la tomó tranquilamente, pero a la hora de pagar, quisieron cobrarle 4,95 euros.
-¿4,95 euros? ¿De que está hecho el helado? ¿De pandas?
Y seguidamente empezó a repartir golpes de kung-fu, patadas de karate, y besitos y abrazos mortales a todos los gnomos y avestruces que allí había.
Panceta y su escuadra, se abrieron paso por la tienda de helados hasta llegar a la sala del jefe. Tiraron la puerta abajo de una patada voladora quincuagésima burst mode, y se vieron las caras con el jefe de tan despiadada organización. Un marsupial con bigote italiano.

Continuará...

martes, 23 de abril de 2013

La pieza sobrante

Cuenta una vieja leyenda, que cuatro jóvenes se atrevieron a escalar la montaña mas alta conocida, sobre la cual corrían una infinidad de rumores, algunos espeluznantes, otros maravillosos; El pico de Rastemfell...

Una suave tarde de otoño, un chico de 12 años salió de su casa apresuradamente, atravesando como una bala las calles del pequeño pueblo donde vivía. En un abrir y cerrar de ojos ya había llegado al lago donde sus amigos lo esperaban. Allí estaban; la sonriente Arena, el soñador Nube, la simpática Lágrima, y el abstraído Nada. Al ver a Guijarro, Arena se levantó y le regañó dándole un coscorrón, mientras que Lágrima le sonreía y Nube soltaba sonoras carcajadas por la graciosa escena. Nada saludó a Guijarro levemente, aunque nadie pareció notarlo.
-Llegas tarde, ¿no habíamos quedado aquí todos después de comer? -dijo Arena a Guijarro inflando los mofletes.
-¿Y que quieres que haga? Cuando mi madre cocina prepara comida para veinte personas, aunque solo seamos tres. -se excusó Guijarro.
-Jajajaja, pues podrías haber traído algo. -siguió bromeando Nube.
-Tu siempre pensando en comer, algún día te vas a despertar siendo un pollo jajajajaja!! -Guijarro estalló en risas y provocó que Nube también lo hiciera.
Arena volvió a dar un coscorrón a Guijarro y otro a Nube.
-Bueno, no perdamos mas tiempo, o no llegaremos nunca. -intervino Lágrima.
-Pues venga chicos, ¡al pico de Rastemfell! -gritaron al unísono Guijarro y Nube.
Todos se pusieron en marcha ilusionados, excepto Nada, que se quedó unos segundos mas mirando el lago.

***

Nuestros pequeños se adentraron en el bosque, y poco a poco, pues había una gran espesura, lo atravesaron hasta llegar al pie de la montaña.
-¡Caray!, ¿habéis visto? Ni siquiera se ve la cima... -dijo Lágrima un poco achicada.
-Tienes razón, ¿cuanta altura tendrá? -preguntó seguidamente Arena.
-Eso da igual, lo que importa es que yo voy a ser el primero en llegar! -cortó Guijarro de golpe y empezó a escalar.
-¡¡No, yo llegaré antes!! -respondió Nube para picarle.

***
Los chicos emplearon el resto de lo que quedaba de tarde en escalar el pico de Rastemfell, pasaron peligros, pero también rieron en otros muchos momentos. Guijarro estuvo a punto de caer, pero Nada lo sujetó a tiempo impidiendo que se precepitase al vacío, y cuando Lágrima no pudo caminar mas, la cargó sobre sus hombros. Nube les contó a todos una ronda de chistes pésimos, que ninguno entendió. Y Arena discutía con Guijarro sobre cosas sin importancia. 
Sin querer darse cuenta, alcanzaron la cima, ¿y que vieron? Un castillo grisáceo.
-¡¡Que chulada!! Vamos a explorarlo, Nube. -Guijarro echó a correr frenético seguido de Nube.
-No tienen remedio -dijo Lágrima mientras les seguía caminando.
-Son unos descerebrados, ¿vamos, Nada? -se dio la vuelta un momento.
-Si, voy enseguida... -pronunció a baja voz, mirando alrededor con los ojos entornados.
Entraron en el castillo, y enseguida se maravillaron con la construcción. Habían grandes lámparas colgando de las paredes, los muros de piedra gris estaban adornados con cuadros de todo tipo, y mil pasillos se entrelazaban dándoles un bonito paseo.
Se detuvieron cuando se encontraron frente a una gran puerta algo misteriosa.
-¡El salón del trono! -exclamó Guijarro.
-¡Vamos, ábrela! -le apremió Nube.
Al abrir la puerta, una gran mesa donde se celebran los banquetes les dio la bienvenida, pero no estaba repleta de manjares, solo copas y platos vacíos.
-Hola, pequeños visitantes. -una voz resonó por toda la sala.
-¿Quien... quien anda ahí? -se atrevió a decir Nube mientras los demás miraban alrededor.
-No os preocupéis, pequeños, no voy a haceros daño. -un fantasma alto y delgado, con esmoquin y un sombrero de copa salió desde el suelo- Bienvenidos, al castillo del interrogante retorcido, soy Sad -dijo el fantasma sonriendo al tiempo que se quitaba el sombrero para hacer una reverencia.
-¿De verdad eres...eres un fantasma? -preguntó Guijarro con los ojos como platos.
-Acabo de salir del suelo, joven entusiasta, ¿no responde eso a tu pregunta? jaja -contestó el fantasma.
Arena se atrevió a acercarse, y alargando la mano consiguió traspasarlo, soltando un sonido ahogado al hacerlo.
El fantasma la miró con amabilidad.
-Decidme pequeños, ¿que habéis venido a buscar aquí? -les preguntó Sad.
-No lo sabemos, solo queríamos subir la montaña. -atajó a decir Lágrima.
-Pues, ya que sois los primeros que me visitáis en mucho tiempo, no dejaré que os vayáis con las manos vacías. -una sonrisa de amabilidad asomó por sus transparentes labios.
Se acercó a Arena y preguntó:
-Dime jovencita, ¿que es lo que mas deseas? 
-No estoy segura. -dijo mordiéndose el labio.
-Oh, eso es un problema, pero veo que eres una chica muy audaz, así que te voy a dar... -el fantasma metió la mano en su sombrero y entregó a Arena un colgante con forma de media luna- No tengas miedo de aventurarte a donde te lleve tu audacia, pues este colgante te guiará siempre de vuelta a casa.
Dicho esto se acercó a Guijarro y antes de decir nada el joven empezó a decir:
-¡Yo quiero una espada de las de verdad!... no, espera ¡Una lanza! no, mejor...
-Relájate pequeño, -le cortó amablemente el fantasma- lo que necesitas es algo que tenga un significado. Que te parece... -el fantasma volvió a meter la mano en el sombrero y sacó una cajita de madera-. Guarda tus inquietudes ahí cuando sea necesario, y podrás ver lo que de verdad importa.
Después siguió con Nube.
-¿Y tu que es lo que quieres? -dijo sonriente.
-No lo se. -respondió este.
-¿No lo sabes? -se extrañó el fantasma-. Veamos, ¿que te gusta hacer? -le preguntó.
-Me gusta... me gusta soñar. -dijo al fin Nube.
-Pues, aquí tienes, joven soñador. -y sacó un libro viejo con las páginas en blanco-. Escribe todo lo que sueñes ahí, de esa forma, dentro del libro habrá vida.
Luego, continuó con Lágrima.
Al acercarse a esta la vio con los ojos llorosos.
-Estoy viendo a una chica realmente simpática, sin embargo, su corazón llora muy a menudo. -esta vez, sacó un gatito blanco del sombrero y se lo entregó a la Lágrima- Se llama Nela, cuida de ella y cuéntale los problemas que te afligen, sabrá guardar tus secretos. -Lágrima cogió al gatito en brazos y sonrió. 
Por último, Sad se dirigió hacia Nada, y antes de preguntar, este le dijo:
-Yo si sé lo que quiero...
-Lo sé, pequeño, lo sé... -dijo el fantasma un poco entristecido.
-¿Ocurre algo, Nada? -preguntó Arena al chico al ver que este bajaba la cabeza.
-No, salid vosotros, ahora os alcanzo.
Cuando los chicos se fueron y quedaron solos Nada y el fantasma, este le dijo al joven.
-Para que algo salga del castillo del interrogante retorcido, otra cosa debe quedarse en él. Ya habías oído las historias, ¿verdad? 
Nada asintió triste.
-Lo que querías era que tus amigos pudiesen volver a casa. -concluyó Sad.
-Así es, yo soy la pieza que sobra. -dijo Nada antes de que el castillo desapareciera con él dentro.

***

Los chicos consiguieron bajar de nuevo por la montaña, pero les pareció extraño, sentían como si les faltara algo... seguramente no sería nada.

lunes, 25 de febrero de 2013

Zahira Escarabajal (Relatos concurso 7)

No podía pensar en todo lo que había dejado atrás. No, no era capaz. La destrucción fue absoluta, no quedaba nada de la ciudad que ahora pudiera servir de refugio.
Ésa era la razón de mi huida. En ese momento, pensaba que escapaba de ellos, los que habían provocado que todo mi mundo se viniera abajo en apenas unas horas. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que eso no es cierto.
No intentaba alejarme de ellos, intentaba distanciarme de mí.
Pensé tan solo por un momento que distanciarme, que huir, sería una manera de olvidar, de borrar completamente aquellos recuerdos. Y es en la soledad, y en la más completa oscuridad cuando te das cuenta que la mente puede jugarte malas pasadas y hacerte revivir los peores momentos del pasado. Además de una manera tan nítida, clara y real que te estremece hasta el último poro de la piel.
En ese momento escapar era lo mejor, y ahora que estoy realmente solo me doy cuenta y estoy totalmente seguro que mi vida podía haber sido feliz, porque yo no necesitaba dejar atrás mi vida, necesitaba olvidarme de mí mismo. Y es en momentos como este en los que me pregunto cómo me puedo olvidar. Cómo liberarme de una carga tan pesada que me nubla la mente. Podría intentarlo y volver atrás, pero y si no lo consiguiera qué pasaría, qué sería de mi vida.
Por un momento pienso en tirar la toalla y dejar que las olas me arrastren mar adentro hasta hundirme por completo, pero si me acuerdo de ella consigo levantarme. Lo único que espero es que llegue a tiempo, porque todo está decidido, este será mi último intento.

Éste es el último de los relatos del concurso y viene de mano de Zahira Escarabajal.

jueves, 21 de febrero de 2013

Ylenia (Relatos concurso 6)

No podía pensar en todo lo que había dejado atrás. No, no era capaz. La destrucción fue absoluta, no quedaba nada de la ciudad que ahora pudiera servir de refugio.
Ésa era la razón de mi huida. En ese momento, pensaba que escapaba de ellos, los que habían provocado que todo mi mundo se viniera abajo en apenas unas horas. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que eso no es cierto.
No intentaba alejarme de ellos, intentaba distanciarme de mí.
Pero eso era imposible. Al fin y al cabo, todo era por mi culpa y no puedes cambiar por mucho que lo desees porque está en tu naturaleza: así hemos nacido y así moriremos.
Escuché las flechas silbar a mi alrededor. Dios, ¡estaban casi encima de mí!
De pronto, me detuve, miré hacia la derecha del bosque, escudriñando las sombras.
Tomé la decisión.
Eché a correr en esa dirección mientras una sonrisa amarga se dibujaba en mi rostro bañado en lágrimas.
Mis pies se detuvieron en el borde del precipicio. Me miré las manos donde bailaban llamas centelleantes con la misma gracilidad que bailarinas. Por culpa de estas manos, lo perdí todo. Por culpa de ellas, de la injusticia de la ciudad y de mi moralidad.
-¡Ahí está!
Me reí. Soldados pagados para impartir justicia a manos de un tirano. ¿Es que nadie es capaz de captar la ironía de mi situación?
-Quedas acusada de usar tus poderes contra los traficantes de escl…
No escuché más. Me moví y uno de los soldados se debió de pensar que les atacaría. Me disparó una flecha. Una flecha en el pecho, en el corazón.
Mi pulso se detuvo.
Esto era injusto. ¿Nadie lo veía?
Las llamas flameaban, lamían mi piel y yo… me dejé caer. Adiós, mundo cruel...


El relato de Ylenia para el concurso ha llegado a su fin.

domingo, 17 de febrero de 2013

Raquel un libro de hadas (Relatos concurso 5)

No podía pensar en todo lo que había dejado atrás. No, no era capaz. La destrucción fue absoluta, no quedaba nada de la ciudad que ahora pudiera servir de refugio. 
Ésa era la razón de mi huida. En ese momento, pensaba que escapaba de ellos, los que habían provocado que todo mi mundo se viniera abajo en apenas unas horas. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que eso no es cierto. 
No intentaba alejarme de ellos, intentaba distanciarme de mí.
Por más que corría no conseguía escapar, me sentía como si, fuese donde fuese, esas presencias seguirían conmigo. 
No lo puedo soportar: me martillan la cabeza, me hablan , me gritan, pero no entiendo lo que dicen, es como si estuviesen en el mismo infierno gritando porque las llamas les destrozaban sus cuerpos sin poder llegar a morir. 
No encontraba una salida, lo único que quería era deshacerme de esas malditas voces así que no lo pensé más... me tiré al mar, pensando así en ahogarlas.


Una nueva historia del concurso, esta vez por parte de Raquel un libro de hadas.

miércoles, 12 de diciembre de 2012

Nocturna (Relatos concurso 4)

No podía pensar en todo lo que había dejado atrás. No, no era capaz. La destrucción fue absoluta, no quedaba nada de la ciudad que ahora pudiera servir de refugio. 
Esa era la razón de mi huida. En ese momento, pensaba que escapaba de ellos, los que habían provocado que todo mi mundo se viniera abajo en apenas unas horas. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que eso no es cierto. 
No intentaba alejarme de ellos, intentaba distanciarme de mí.
Por más que corría no lograba alejarme lo suficiente, vale, necesitaba un refugio pero ¿qué refugio me valdría para salvar mi mente? Todo esto era culpa mía, por mucho que quisiera negarlo, ellos me engañaron y yo, como tonta, caí en su trampa. Ahora estaba oculta, no sabía dónde, sólo pude correr hasta que mi cuerpo no podía mas y en hueco que vi cerca de un acantilado me oculté, forzándome a caminar con el último aliento que me quedaba.
Mi familia y todas esas familias muertas, mi casa, mi barrio, mi ciudad... todo destrozado envuelto en un caos. Ahora me toca vivir con todo esto, con la pesadez de mi conciencia. Jamás volveré a ser la de antes y jamás me perdonaré lo que hice, todo por enamorarme de la persona equivocada. Estaba tan ciega... pero ahora tengo que asumir lo que hice pues fui yo la que apreté ese botón, el botón de la destrucción. 
Ahora estaba sola, y muerta de miedo. Ahora no podré llamar a mi madre que siempre venía a socorrerme con solo oír pronunciar mamá. Lloro desconsoladamente, incluso tengo el corazón en un puño, temo que alguien escuche mis sollozos. Oigo un ruido fuera, parecen pisadas que se acercan cada vez mas. Ahora oigo mi nombre alguien me llama, es la voz de mamá pero no puede ser ya que vi con mis propios ojos como se derrumbaba nuestra casa con ella y mi hermana dentro. Cierro los ojos, ¿será esto mi purgatorio?
Ahora noto que me zarandean... Dios, tengo miedo. 
Deprisa abro los ojos y me encuentro a mi madre mirándome preocupada, miro a mi alrededor y todo está como antes, como antes de la explosión y estoy en mi cuarto, en mi cama.
- Has tenido una pesadilla, cariño- dijo mi madre.
- Te quiero, mamá.
Y nos quedamos abrazadas hasta que volví a dormirme.


Y, hasta aquí, el relato de Nocturna para el concurso.

lunes, 10 de diciembre de 2012

Los misterios del pájaro azul (Parte 3)

Esta cosa Esta nueva entrega de "Los misterios del pájaro azul" cuenta con la colaboración de La puerta, coautora del relato, llamado "¡Puerta!".

Un día vino una niña de Asia montada en un pequeño gato montés. Al llegar al Bosque de la Luna pidió que los patos cantaran como en tiempos remotos, cuando la ópera aún no existía y la nubes eran de algodón.
Los patos recitaron en una alegre sinfonía hasta que apareció Rufus que les regaló una botella de agua y les quitó las cuerdas vocales. Pobres patos mudos, ¿qué pasará ahora? Que llegará Lady Archimaga y a todos sanará. Pero, sin dudarlo, nuestra pequeña niña asiática llamada Puerta cambió de idea y pidió de deseo una botella de agua puesto que mucha sed tenía.
Ante tal desesperación, la Archimaga se compadeció y, con su gran poder, a los patos la voz devolvió. Sin embargo, desde ese momento, tan solo graznar pudieron. La Archimaga y Puerta lloraron sin cesar hasta que la Archimaga conoció a Alex y Puerta se reía de aquel amor  tan mono y loco. Y la Archimaga, harta de tanta tontería, a Puerta una colleja le dio. Ésta dijo "¡ZARAMBOMBA!" y se la devolvió con una sonrisa en la cara.
Ya todos más tranquilos, se dieron cuenta de que hambre tenían y se fueron a buscar su sustento. A un restaurante llegaron y, Puerta, después de que les sirvieran el alimento, mató a los trabajadores para no pagar. La Archimaga se dio cuenta y a la pequeña se dirigió: "Con práctica y paciencia, veo que tienes futuro en este mundo, Puerta". Ella le sonrió ya que le había enseñado todo porque era su maestra y, como tal, todo lo posible porque su alumna mejorase haría lo que fuera... menos traicionar a Alex ya que él en su vida era muy importante.
En ese momento, Puerta dijo "Gato baboso" y tanto la Archimaga como ella sabían que significaba que un perro guarro que tiraba muchas babas estaba cerca.
Fin del cuento, que no se me ocurre nada.

La parte escrita en verde es cortesía de nuestra colaboradora y, el resto, mío.

martes, 4 de diciembre de 2012

Lorenzo (Relatos concurso 3)

No podía pensar en todo lo que había dejado atrás. No, no era capaz. La destrucción fue absoluta, no quedaba nada de la ciudad que ahora pudiera servir de refugio.
Esa era la razón de mi huida. En ese momento, pensaba que escapaba de ellos, los que habían provocado que todo mi mundo se viniera abajo en apenas unas horas. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que eso no es cierto. 
No intentaba alejarme de ellos, intentaba distanciarme de mí.
Y es que yo y ellos formábamos un mismo ser. Un monstruo que viciado por las ideas absurdas del Supremo había engullido las mentes de todos, absolutamente todos. Todos eran uno, todos eran la misma bazofia inmunda y despreciable. Claro, que así habían acabado las cosas.
Me daba asco a si mismo y no podía hacer nada. ¿Qué iba a hacer, desecharme a mí mismo? Correr y llorar era la única solución por el momento.

Relato de Lorenzo para el concursorteo.

miércoles, 28 de noviembre de 2012

Esther Magil (Relatos concurso 2)

No podía pensar en todo lo que había dejado atrás. No, no era capaz. La destrucción fue absoluta, no quedaba nada de la ciudad que ahora pudiera servir de refugio. 
Ésa era la razón de mi huida. En ese momento, pensaba que escapaba de ellos, los que habían provocado que todo mi mundo se viniera abajo en apenas unas horas. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que eso no es cierto. 
No intentaba alejarme de ellos, intentaba distanciarme de mí.
¿Cómo lo había llamado aquel loquero?. ¡Ah, sí!, fuga psicógena, -"¿pero qué invento es ese?, le pregunté".
El doctor Cooler pacientemente me explicó que a raíz de los bombardeos en Kabul, mi ciudad natal, mi conciencia se había estrechado de tal manera que provocó una amnesia posterior para lo que había ocurrido y que desde entonces perdí mi verdadera identidad y asumí otra nueva, totalmente distinta, en la que mi vida transcurría con toda normalidad, hasta que... no sé cómo ocurrió pero un día, de repente, sin venir a cuento, empecé a recordar imágenes de la gran masacre, de la gente lamentándose y muriendo a mi alrededor, y entonces tuve un flash de realidad, mi familia, mi mujer y mi hijo de 2 años ya no existían, eran pasto del odio y el radicalismo. 
Tras esos recuerdos, el doctor Cooler ha estado tratando mi salud mental ya que ahora mismo no recuerdo todo lo que sucedió en mi periodo de fuga, tengo amnesia lacunar, es como si la providencia se hubiera puesto en mi contra y una vez que me ha arrebatado las crudas imágenes, sentimientos y percepciones del peor momento de mi vida, devolviéndome, sin ser consciente, al mundo civilizado, a la paz, de repente me azota con el mal del recuerdo.
"¡Por favor!", le suplico al doctor desde mi recuperación... o caída en los infiernos, según se mire, "¡haga que esto vuelva a desaparecer!"

Éste es el relato de Esther Magil para mil concurso (sí, aquel que acabó en Agosto). Próximamente traeré el resto. Perdón por el retraso.

domingo, 26 de agosto de 2012

Un día más (Certamen Entre Pulsaciones)

Hola, hoy os traigo un relato que he escrito para el Certamen Entre Pulsaciones, de Ylenia y Exclusive. Todavía os podéis apuntar, tenéis hasta el 19 de Septiembre, para más información, haced click aquí o aquí 

Bueno, aquí os presento...

Un día más

Un día más, en la fantástica ciudad de This City, situada en Estados Unidos, donde todo sucede siempre, nuestro protagonista se disponía a salir a realizar su trabajo. Como de costumbre, había recibido una llamada del alcalde advirtiéndole de un peligro del que debía proteger a los habitantes de la zona.

Ese día hubo suerte, no era el típico supervillano de todos los días, no. Un meteorito se dirigía a la Tierra y, qué casualidad, justamente iba a impactar en una de las pocas ciudades que contaba con un héroe para protegerla. Por suerte para todos, Heroman sabía qué hacer en esos casos y, justo antes del impacto, fue capaz de detener la caída del meteorito y mandarlo de vuelta al espacio.

Mientras solucionaba los problemas que se presentaban, como todo superhéroe, Heroman debía llevar una vida completamente normal en la que lo más importante era pasar desapercibido. Sin embargo, sí había una persona que conocía su verdadera identidad: su amiga de la infancia, Summer, quien, tras descubrir que el apocado John Williams y el protector de la ciudad eran la misma persona, se decidió, por fin, a ser su pareja.

Pero la tranquilidad no dura eternamente y, lo que parecía ser un día más de lucha contra el mal, se convirtió, con la llegada de un nuevo villano, Mr. Evil, en el inicio de una de las peores épocas en la historia de la pequeña ciudad.

Todo comenzó cuando se advirtió un extraño vehículo aparcado cerca del ayuntamiento, en pleno centro de This City. Como de costumbre, se advirtió a la única persona que se creía capaz de investigar lo sucedido.

Lo que no sabían es que, en esos momentos, John estaba en su casa, con Summer… y era el momento en que menos le apetecía ser molestado:

- ¿Otra vez te llaman? -dijo ella, molesta-.

- Sí, y tengo que acudir, es mi trabajo –respondió resignado-. No puedo evitarlo, debo hacerlo.

- Te esperaré aquí, no tardes mucho.

- Prefiero dedicarte a ti mi tiempo, no te preocupes –sonrió-.

Tras darle un beso como despedida, salió volando por la ventana, ya con su uniforme de trabajo, y se dirigió hacia el lugar de origen de la llamada.

Al llegar, se dio cuenta de que el vehículo no era tal, sino un arma. En su habitual trato con los villanos, había adquirido un inusual conocimiento de los distintos tipos de armas existentes y de sus variantes y, aunque nunca había visto nada igual, al instante la reconoció. Era una de las armas más potentes que jamás había visto, ¿quién sería el genio del mal que la había diseñado?

- Heroman, me alegro de verte, he oído hablar mucho de ti –la voz venía desde detrás del héroe, que se giró-. Me presento, soy Mr. Evil. No creo que me conozcas, acabo de empezar en el negocio –se rió-, pero, aún así, he conseguido lo que muchos han intentado en vano durante tanto tiempo… que caigas en mi trampa.

Tras decir esto, una red salió de la máquina, atrapando al héroe en el acto, lo que el villano aprovechó para activar el sistema de propulsión presente en su espalda y llevárselo lejos de allí, a su guarida.

- Bueno, Heroman, ahora tengo dos opciones: o bien te mato y después acabo con la ciudad o bien te dejo ver cómo termino con toda esa pobre gente antes de  volver aquí a por ti. Dime, ¿qué eliges? Ah, es verdad, que no puedes hablar, estás amordazado –se reía de tal manera que tuvo que sentarse en el suelo sujetándose las costillas-. Voy a hacer lo que me dé la gansa pienses lo que pienses… sí, he dicho “la gansa”, ¿algún problema? Veo que no, ya que no respondes –esta vez la risa le duró varios minutos-. Me voy, pórtate bien y, sobre todo, no te muevas –se marchó riéndose por el camino-.

Heroman no sabía qué hacer hasta que recordó que, como todo héroe que se precie, llevaba una navaja en la bota que, pese a ser minúscula, cortó la red en apenas unos segundos, dejándole libre para poder acabar con los controles del arma, que, evidentemente, estaban allí, bien a la vista y con un botón rojo gigante en el que ponía “off”.

Al ver que su maravillosa máquina no funcionaba, Mr. Evil volvió a su escondite justo cuando el héroe se disponía a escapar de allí y tuvieron una enorme pelea que, cómo no, acabó ganando nuestro héroe.

- ¿Por qué querías hacer daño a esta ciudad, malvado? –por supuesto, el bueno de John quería saberlo todo-. No creo que sea la culpable de lo que quiera que te llevara a ser como eres.

- No sabes nada de lo que me ocurrió ni de por qué estoy aquí. Tienes razón en una cosa, no tengo nada contra la ciudad, estoy aquí por ti, no por ella.

- No te conozco de nada, yo no puedo ser el culpable de tu desgracia –Heroman empezaba a asustarse-.

- Te estás equivocando otra vez, no busco venganza, quiero ayudarte.

- ¿Intentando matarme?

- Eso no lo iba a hacer, sólo quería destruir This City… habría sido bueno para ti.

- No te entiendo, aquí tengo mi vida: mi familia, mis amigos, mi trabajo… todo.

- Yo antes era como tú, un superhéroe querido por todos en una pequeña ciudad. Pero, entonces, un día normal, mi vida llegó a un punto en que me di cuenta de que todo se había volcado hacia mi condición de superhéroe y que mi vida privada había perdido todo su sentido. Incluso me di cuenta de que mi novia, a la que conocía desde siempre, estaba conmigo sólo porque le gustaba la idea de salir con un superhéroe –el recordar estos hechos iba entristeciendo al malvado-. Por suerte, no lo soporté más y se me fue la olla del todo –la risa que salió de los labios del villano evidenciaba su condición de demente-. Ahora soy feliz e intento ayudar a los que les va a pasar lo mismo que me ocurrió a mí.

Asustado, Heroman llevó rápidamente a Mr. Evil a un centro psiquiátrico penitenciario y volvió a casa, con Summer. Lo único que quería era olvidar todo lo ocurrido y volver a su vida normal. Durante unos días le funcionó y no se volvió a acordar del pobre loco, pero no es tan fácil olvidar tu propio futuro…

Unos días después de lo sucedido, John empezó a darse cuenta de cosas en las que nunca antes se había fijado, como en lo impaciente que se ponía el alcalde si tardaba más de unos segundos en responder al teléfono o como que Summer siempre tenía más ganas de pasar tiempo con él cuando volvía de hacer algún trabajo como superhéroe. Eso le hizo preguntarse si no sería cierto todo lo que Mr. Evil había dicho y decidió tomarse unos días de descanso para reflexionar.

Cuando le dijo a Summer lo que había pensado, ella se enfadó con él diciendo que era una irresponsabilidad dejar la ciudad desprotegida. Al ir a hablar con el alcalde, éste le amenazó diciendo que, si no cumplía su deber como superhéroe, perdería todos sus derechos como ciudadano y sería obligado a desvelar su identidad oculta a todo el mundo. Tras oír las opiniones de la gente sobre sus vacaciones, decidió ponerse en huelga indefinida hasta que se tomara en cuenta su opinión.

Eso no le sentó muy bien a la gente. Los periódicos se llenaron de artículos amenazadores, su teléfono recibía llamadas del alcalde a todas horas, él era el único tema del que se hablaba en televisión… Además, Summer se negaba a hablar con él y la ciudad pronto se convirtió en un caos absoluto en el que cada cual se dedicaba a hacer lo que quería. Los supervillanos no volvieron a aparecer, se daban cuenta de que poco podían hacer ya allí: el orden y la paz habían desaparecido de This City.

Muchas veces sintió John la tentación de volver a ser Heroman, pero se había propuesto no ceder hasta que se tuviera en cuenta que él también era una persona y, como tal, necesitaba descansar y disponer de tiempo libre de vez en cuando.

Pasaron los días y la situación fue a peor. Cada vez menos personas se atrevían a salir a la calle si no era en grupos y toda la ciudad se había convertido en territorio de bandas armadas. Las llamadas del alcalde eran cada vez más suplicantes, pero seguía sin querer dialogar.

Una noche, John recibió una llamada de Summer. Ella quería que él volviera a trabajar de superhéroe y le prometió volver al piso que ambos compartían antes de la pelea. Acabaron enfadándose más aún y él le echó en cara sus temores de que sólo estaban juntos por ser él quien era.

Parecía que nada podía ya ir peor en This City, pero aún no había llegado el momento en que la ciudad tocaría fondo. El poco orden que quedaba en la ciudad acabó cuando una de las bandas decidió acabar con el alcalde y proclamarse dueña de la ciudad. Al verse en peligro, éste llamó urgentemente a Heroman, prometiéndole que hablarían sobre sus exigencias, por lo que el superhéroe accedió a ir a ayudar a controlar la situación.

Al llegar allí, el alcalde estaba rodeado por cinco tipos armados hasta los dientes que no le permitían moverse lo más mínimo y que amenazaban con acabar con su vida.

- Antes de nada, quiero hablar de mis futuras condiciones de trabajo.

- Pero, Heroman, no creo que éste sea el mejor momento pa… -la voz del alcalde cesó de repente al recibir un golpe de uno de los miembros de la banda-.

- Callad los dos. Gracias a ti, Heroman, ahora conseguiremos dominar esta ciudad por completo –dijo el que parecía el cabecilla-, aunque también el señor alcalde ha tenido su mérito, eso no se le puede negar. Ahora estaos quietecitos, será todo mucho más rápido para los dos.

- Nunca acabaréis conmigo –tras decir esto, Heroman se giró y, rápidamente, dejó a uno de sus captores indefenso con un puñetazo en la tráquea-.

Tras acabar con la vida del caído rompiéndole el cuello, nuestro héroe cogió una de las pistolas del muerto y dejó a tres de sus compañeros completamente incapacitados para el combate y tan gravemente heridos que era casi imposible que sobrevivieran más de unos minutos.

El último que quedaba se lanzó a por el alcalde, pero Heroman fue más rápido. Corriendo, le agarró y ambos salieron volando por la ventana. Debido al peso extra, el superhéroe no era capaz de mantener la estabilidad en el vuelo y cayeron hacia el vacío. Por suerte, fue capaz de mantener un poco el vuelo para evitar morir estrellados.

El aterrizaje no favoreció para nada al volador, quien se encontró con el cañón de una pistola apuntándole directamente a la cabeza. Cerró los ojos, preparándose para lo que venía a continuación.

- ¿Listo para morir? –le preguntó cínicamente el pandillero-. Espero que sí, porque lo vas a hacer enseguida.

Disparó.

John creía que había muerto. Había oído el estallido, pero no sentía ningún dolor.

- ¿Por qué has hecho eso? Ya lo tenía –el asesino le gritaba a alguien-.

- Porque le amo. A él, no al ridículo disfraz que lleva. Y debe saberlo.

- Summer –susurró Heroman-.

Se oyó otro disparo y el héroe abrió los ojos de golpe. La vio a ella, pálida en medio de un charco de sangre. No pudo controlarse y, sin pensar, se dirigió hacia el hombre y le arrancó la cabeza de cuajo.

Seguidamente, se arrodilló al lado del cuerpo de la chica.

- Summer –gritó-. Summer, no.

- John –la voz de ella era ya muy débil-, no te preocupes por lo que ha pasado, no ha sido tu culpa. Yo he decidido dar mi vida por la tuya.

- ¿Por qué lo has hecho?

- Deberías saberlo: porque te amo –sonrió y su cara se quedó congelada en ese gesto al perder la vida.

Él depositó un último beso sobre sus labios y transportó sus restos hasta el lugar donde sabía que ella siempre había deseado estar. Un lugar que solo ellos conocían y donde nadie la encontraría jamás.

Al volver a This City, se dirigió directamente a hablar con el alcalde.

- Escúcheme bien, porque sólo lo diré una vez, señor. Le ayudaré a que la ciudad vuelva a su estado normal, pero, una vez esté hecho eso, me desapareceré de aquí para siempre, ¿trato hecho?

- Supongo que sí –contestó con resignación-. ¿Qué otra opción tengo? Vamos, pongámonos manos a la obra.

En unos días, colaborando, habían conseguido formar un pequeño cuerpo de policía que, poco a poco, iba logrando recuperar la paz en la ciudad. Cuando acabaron de poner todo en marcha, Heroman desapareció de la ciudad y no se le volvió a ver, pero se cree que un tal John Williams logró tomar un vuelo dirección Alaska antes de que el caos volviera a asolar This City debido a la pérdida de su protector.

Muchos años después, un viajero solitario se acercó a las ruinas de lo que parecía una ciudad y leyó allí una leyenda grabada en roca tiempo atrás: Bienvenidos a This City, ciudad orgullosamente a salvo de todo mal que pretenda entrar. Si la inscripción era cierta, ¿qué había ocurrido allí? La lucha parecía que había sido dura. No siempre se puede aguantar un día más.

viernes, 24 de agosto de 2012

Diferentes

Nunca habría imaginado que acabaría sus días de aquella manera... pero, aunque hasta ese momento no lo hubiese visto claro, ella debía sobrevivir costara lo que costara.

Su vida nunca había sido fácil, pero, la de él, menos aún. Desde pequeño había destacado entre todos los niños de la aldea por su facilidad para conseguir hacer cosas imposibles para el resto, por lo que fue tachado de endemoniado. Pasó sus primeros años de vida rechazado por todos.

Por suerte, Iendil le encontró justo cuando empezaba a plantearse si no sería mejor acabar con todo de una vez. Ella fue su mentora y le enseñó que sus dones no eran algo de lo que debía avergonzarse.

Aún recordaba lo sucedido aquella mañana, en el bosque…

Él, como siempre hacía, se había escondido al escuchar a alguien acercarse. Sin embargo, esa vez no dio resultado, ella se percató de su presencia:

- Sé que estás ahí –dijo-. Tranquilo, no quiero hacerte daño. Sé lo que piensas de mí, pero puedo ayudarte, soy como tú.

Poco a poco, el niño se atrevió a asomarse y pudo ver a la mujer. Era joven, sobre unos veinte años. Tenía unos rasgos delicados y parecía una persona amable y tranquila, aunque también transmitía mucha fuerza y energía con sus movimientos.

 - ¿A qué te refieres al decir que eres como yo? No te conozco –la curiosidad pudo con él y terminó de salir de su escondite-, no puedes saber nada de mí.

- Tengo una historia que contarte, pequeño…

Así fue como se enteró de que existían en el mundo personas, no muchas, que poseían unas capacidades innatas muy superiores a la media, lo que les permitía adquirir una gran destreza en la lucha y llegar a controlar la energía del medio.

Él era una de estas personas.

Ella pasó a formar parte de su vida y él aprendió a aceptarse a sí mismo. A aceptar que no siempre sería comprendido, pero que debía cumplir con el deber que iba ligado a sus dones.

Unos años después, acabó haciéndose cargo de la educación de una pequeña niña a la que llegó a considerar su hija. Una pequeña niña que hoy ya era una mujer por la que había dado su vida. Una mujer que estaba destinada a hacer grandes cosas.